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Estructura asociativa y función prospectiva más que retrospectiva de la memoria psíquica
Pierre Codoni
La memoria es un tema muy amplio que interesa en alto grado a todas las ciencias y, por supuesto, a las ciencias del hombre. Cada una de ellas posee su propio modelo conceptual, elaborado de acuerdo con una aproximación fenomenológica específica. Pero todas están de acuerdo en decir que hoy es imposible formular una teoría general de la memoria y hay numerosos intentos de encontrar compatibilidades entre los diferentes modelos, incluso de conciliarlos epistemológicamente.
El psicoanálisis freudiano, con su experiencia clínica más que centenaria y su metapsicología que se perfecciona cada vez más, considera también la cuestión de la memoria como un asunto central. Y esto no es extraño ya que la memoria está en el centro la andadura analítica y de los procesos en juego a lo largo de un psicoanálisis. Pues, ¿no se trata a fin de cuentas de “rellenar las lagunas de la memoria” (Freud), de reparar la amnesia debida a la gran represión edípica, de dar un sentido a las vivencias útero-infantiles y a los deseos agresivos-sexuales de las “reminiscencias” que sufre el histérico, de reconducir los bloqueos y las compulsiones del obsesivo a su representación ontogenética intolerable y a su afecto que le estaba inicialmente ligado? ¡Por supuesto! Y el método analítico da buenos resultados. Pero cuando se trata de comprender la evidencia fenomenológica de una repetición infantil y de su resolución analítica, cuando se trata de explicar científicamente la coherencia absoluta y la lógica imperiosa de una conversión histérica, de una inhibición obsesiva, de una compulsión a la repetición, de un miedo, de un síntoma cualquiera, psíquico o somático, de un sueño, de un olvido, de un lapsus, de un acto fallido, de un error banal de la vida cotidiana, de un éxito tremendo o de un lamentable fracaso, de una particularidad transferencial o contratransferencial... resumiendo, cuando se trata de conceptuar la continuidad entre lo que ha pasado en la primera infancia (o incluso antes), lo que se ha repetido de una u otra manera a lo largo de la vida y lo que se ha repetido asociativamente hoy en el material de sesión, en ese punto, las cosas se complican y el hacer un modelo del proceso de memoria es complicado.
Y es que, el psicoanálisis freudiano, no solamente oculta la parte de misterio inherente a la relación de objeto epistemológica de toda ciencia sino que se basa en la paradoja del inconsciente-memoria: en realidad paradoja doble, que concierne primero a la hipótesis del inconsciente propiamente dicho y después a la cuestión del inconsciente como memoria.
Me han hecho falta muchos años para llegar a familiarizarme en mi práctica con el inconsciente, inconsciente como sustantivo, como sistema psíquico regido por el proceso primario tal como Freud lo ha definido en la primera tópica, y no inconsciente como adjetivo que se deja domesticar más fácilmente. En este lento trabajo de endopercepción, de elaboración del modelo de “la organización energética del vacío” puesta a punto con Fanti, después “el estudio comparado del sueño”, me han ayudado mucho. Pero al final, es el estudio de la física cuántica y de sus campos subatómicos así como el estudio de la física del caos y de sus atractivos extraños lo que ha catalizado la per-elaboración y me han permitido adquirir una visualización simple, una modelización práctica y una conceptualización adecuada del inconsciente y del proceso primario; y he comenzado a comprender que la paradoja del inconsciente-memoria no era tal paradoja. Durante todo este tiempo ha madurado poco a poco en el fondo de mí algo aparentemente e intelectualmente banal, pero sublime y determinante, y es que:
el inconsciente es inconsciente
Al mismo tiempo me he dado cuenta que mi presencia en sesión, mi escucha, mi atención flotante, mi neutralidad mejoraban y que, paralelamente o más bien correlativamente, la calidad de elaboración del analizado se modificaba en el sentido de una relajación del control psicocorporal y de una mejor capacidad asociativa. He aquí algunas reflexiones suscitadas en el momento de esta per-elaboración y de esta toma de conciencia:
el inconsciente es inconsciente quiere decir que el inconsciente pertenece a otro nivel de realidad, a una dimensión que se nos escapa totalmente y que obedece a leyes completamente diferentes de las que rigen nuestro mundo psicomaterial; pero esto quiere decir también que nuestra realidad psíquica y psicobiológica dependen enteramente del inconsciente, que no son más que eventuales y efímeros a posteriori;
el inconsciente es inconsciente quiere decir que el inconsciente es infinito, no mesurable, no solamente universal sino cósmico, que difunde su energía libre, se desplaza sin limitación alguna y de manera igual en el lo infinitamente grande que en lo infinitamente pequeño, que la cuestión de su comienzo, de su origen, de su evolución y de su fin no se plantea incluso ni matemáticamente;
el inconsciente es inconsciente quiere decir que el inconsciente es inalcanzable, inapresable y por lo tanto incontrolable, que la representación que se puede hacer de él y el conocimiento que de él se puede tener son aproximadas y permanecen de todas maneras sin efecto sobre él, aunque, por su relación con el ello, el inconsciente capta todas las señales que emitimos, posee la inscripción, la trascripción y la trascodificación de cada una de nuestras acciones, pensamientos y emociones, de cada vibración celular, molecular y particular;
el inconsciente es inconsciente quiere decir que el inconsciente no es inerte y no obedece al azar sino que posee una organización energética, una estructura que implica un determinismo, una lógica propia.
La conclusión a la cual me había entonces conducido toda esta elaboración era la siguiente: de la misma forma que los físicos cuánticos han podido definir matemáticamente los campos subatómicos, sin embargo indetectables, a partir de sus manifestaciones a nuestro nivel de realidad y han podido, en cambio, realizar numerosas y revolucionarias aplicaciones sobre la base de nuevas ecuaciones establecidas, lo mismo el psicoanálisis debe de poder definir la estructura del indetectable inconsciente a partir de sus manifestaciones y llegar a extraer de esta definición deducciones científicas, modelos verificables y que puedan aplicarse a nuestra realidad psíquica y psicobiológica.
Esto a sido efectuado en gran parte por Freud que, partiendo de los síntomas neuróticos, del sueño, de la psicopatología de la vida cotidiana, ha definido el inconsciente. Ahora bien, cosa extraordinaria, las leyes que ha utilizado para especificar el proceso primario que caracteriza el modo de funcionamiento del inconsciente son idénticas a los procesos cuánticos enunciados por los físicos de la época.
El proceso primario puede esquematizarse en tres puntos: 1) la energía libre que se desplaza, se intercambia, se condensa y se redistribuye de forma totalmente autónoma entre los constituyentes del inconsciente: las representaciones y los afectos; además del desplazamiento y de la condensación, la energía libre puede efectuar la identidad de percepción, es decir, recargar las representaciones provenientes de las experiencias de satisfacción y estimular la reproducción alucinatoria de las percepciones ligadas a las necesidades fundamentales y a su satisfacción; en el fondo, la identidad de percepción realiza el esquema de funcionamiento más primitivo de la memoria inconsciente; 2) el principio de placer según el cual todo aumento de tensión a nivel del inconsciente (displacer) tiende a ser reducida, incluso suprimida, por la descarga más rápida y más directa posible, (placer); 3) las características propias del inconsciente que comprenden: la ausencia de tiempo, de espacio, y de lógica, la coexistencia de contrarios, de contradicciones y de múltiples.
En cuanto al contenido específico del inconsciente y a su organización, la metapsicología freudiana es mucho más imprecisa: las representaciones y los afectos, modos de expresión psíquicos de las pulsiones, tienen una naturaleza poco clara y les falta consistencia operativa. En grandes líneas, se puede decir que las formaciones filogenéticas que se refieren a la seducción, a la escena primitiva, a Edipo y a la castración les sirven a las introyecciones y a las identificaciones ontogenéticas de polos de fijación representacionales; así, se forman las huellas mnémicas y lo reprimido, lo que constituye la memoria filo-ontogenética, a partir de la cual las representaciones se organizan según un determinado orden y un determinado sentido en sucesiones, en cadenas. La elaboración primaria (inconsciente) corresponde al conjunto de estas conexiones representacionales y a los procesos de carga complejos que las animan; termina en los deseos, defensas, fantasmas y ramificaciones del inconsciente cuya dinámica de retorno de lo reprimido ejerce presiones sobre la primera censura para hacer pasar los mensajes inconscientes al sistema preconsciente-consciente. Pero, a su vez, el preconsciente-consciente tiene una organización y un papel poco preciso y sigue siendo sobre todo un sistema más psicológico que psíquico.
Si me he extendido un poco en estas consideraciones elementales, es para situar bien la posición actual de la metapsicología freudiana y para mostrar que la paradoja del inconsciente-memoria se inscribe precisamente en estas imprecisiones, en estas lagunas concernientes a la estructura del inconsciente y, por consiguiente, la del preconsciente. Ahora bien, ¿qué supone una memoria si no es primero y ante todo un soporte, una estructura de base con la capacidad de fijar, de codificar, de almacenar y de transmitir informaciones? Además, en segundo lugar, una memoria implica propiedades específicas, cualidades categoriales como el tiempo, el espacio, una determinada lógica, una determinada relación de causalidad y de no-contradicción. Pero la estructura del inconsciente no está definida y menos aún la del preconsciente bajo el pretexto, como dicen algunos haciendo alusión a Jacques Lacan, de no caer en las trampas del estructuralismo lingüístico. Otros sin embargo son menos intransigentes; así André Green, del que acaban de publicar dos libros esenciales sobre la memoria, reconoce una “matriz estructurante del inconsciente” y, como Freud, atribuye un valor de organizadores mnemónicos a los fantasmas originarios haciendo hincapié a la vez sobre el hecho de que la memoria es una función exclusiva del tiempo y no tiene por lo tanto existencia más que a nivel preconsciente; concluye diciendo que “el psicoanálisis tiene que ver menos con la memoria que con el tiempo”. Estas consideraciones son muy pertinentes en lo que concierne al objeto-fin del psicoanálisis y a la cuestión del preconsciente. Justamente intentaré mostrar que el psicoanálisis no es un trabajo de memoria, en el sentido de rememoración o de recuerdo, sino un trabajo de asociación, de restablecimiento de una continuidad psíquica en el cual el preconsciente tiene un lugar determinante. Sin embargo, yo no veo, en mi práctica profesional, elementos que me permitan confirmar esta primacía del tiempo y poder decir, por ejemplo, que desde el punto de vista mnemónico el tiempo sería más importante que el espacio. Además, Einstein, ¿no ha definido el tiempo como una curvatura del espacio? En cambio, la elaboración asociativa en sesiones de larga duración indica que una determinada lógica, una determinada relación de causalidad entre los hechos psíquicos es el factor mnemónico más decisivo. Y mi tesis es precisamente que la memoria psíquica tiene una estructura asociativa que reside en las relaciones de correspondencia y de causalidad que muestra la elaboración asociativa recorriendo la trama de la sobredeterminación a través del preconsciente y hasta el inconsciente. En este trabajo asociativo de memoria, el tiempo y el espacio son categorías subsidiarias que vienen a veces a reforzarlo y a abrir la elaboración, pero pueden igualmente jugar este papel de marcadores-pantalla que rompen la fluidez mnemo-asociativa y que refuerzan momentáneamente las resistencias. Las asociaciones libres son las que, amoldándose a la sobredeterminación, aseguran la continuidad y hacen coincidir, coexistir presente, pasado y futuro o, más exactamente, las que crean el pasado en el presente-futuro. Quizás se comience a entrever aquí lo que yo entiendo por función prospectiva más que retrospectiva de la memoria, pero ya volveré a ello más tarde, después de haber explicado la estructura del psiquismo según el modelo micropsicoanalítico.
El micropsicoanálisis, con sus sesiones cotidianas de tres horas, da al método asociativo ligado a la sobredeterminación una dimensión insospechada que le permite definir la estructura del preconsciente y la del inconsciente incluyéndolas en el modelo evolutivo global “organización energética del vacío”. Según este modelo, la estructura fundamental del ser tiene dos constituyentes: el vacío y la energía. El vacío es un continuo infinito, inmutable, desprovisto de tensión y sirve de soporte, de matriz a la energía portadora de informaciones y en organización-desorganización psicomaterial constante. Existe pues, en el seno de la estructura fundamental, una incompatibilidad entre el vacío sin tensión y la energía que comporta necesariamente una determinada tensión. De esta incompatibilidad estructural nacen dos tendencias, dos fuerzas antagonistas: la pulsión de muerte o propensión a hacer el vacío y la pulsión de vida o propensión a organizar la energía. Igual de inseparables que el vacío y la energía, estas dos tendencias forman la pareja dinámica primordial llamada pulsión de muerte-de vida de la cual derivan las pulsiones agresivas y sexuales.
Pero vayamos a la cuestión de la estructura del psiquismo y primero del preconsciente. Minimizado durante mucho tiempo, ya sea asimilado al inconsciente, ya sea al consciente, el preconsciente adquiere su auténtica importancia con la técnica de las sesiones de larga duración que, por el hecho de la continuidad y de la profundidad asociativas que segura, permite aprehenderlo plenamente. El preconsciente ocupa una posición de encrucijada informativa entre el inconsciente y el consciente, entre lo psíquico y el cuerpo y entre éste y el mundo exterior. Es una plataforma psiconeurobiológica con aferencias y con eferencias múltiples. Recibe informaciones del inconsciente, es decir, de nuestras vivencias filo-ontogenéticas, de nuestros deseos agresivos-sexuales útero-infantiles, de nuestras defensas y de nuestros fantasmas, pero igualmente de nuestro cuerpo, de nuestras células, en particular de nuestro sistema nervioso central y periférico, de nuestra sensibilidad superficial y profunda así como de nuestros órganos de los sentidos abiertos al mundo exterior. Y envía informaciones de todas clases a nuestro ello-inconsciente y a nuestro sistema neuro-hormonal: informaciones emocionales, cognitivas, intelectuales, lingüísticas, comportamentales... El preconsciente es un hervidero, un ir y venir de informaciones psíquicas, corporales y ambientales, de residuos oníricos y de elementos diurnos, de esbozos de ideas, de imágenes, de sentimientos, de palabras, de acciones. El preconsciente organiza todas estas informaciones en función del proceso secundario, es decir, uniéndolas energéticamente según correspondencias espacio-temporales, concordancias matemáticas y sintácticas, compatibilidades no contradictorias, resumiendo, según la lógica psicomaterial del principio de realidad. Se puede decir que la estructura y la función del preconsciente son asociativas en la medida en que se establecen "vías de unión" (Freud), de conexión y de enlace cada vez más estables y coherentes entre las múltiples informaciones para acabar en los procesos del pensamiento, de la ideación, de la espiritualidad, de la imaginación, de la creación artística, de la emotividad, del lenguaje, de la motricidad. Ahora bien, de toda esta elaboración preconsciente, una ínfima parte pasará el filtro selectivo de la segunda censura y obtendrá el índice adecuado de figurabilidad y de inteligibilidad para llegar a ser consciente, muy momentáneamente consciente pues, como dice Freud, "el consciente y la memoria se excluyen mutuamente". La toma de conciencia, ya sea que surja en flash o bien que aflore subrepticiamente, no es más que un después de la puesta en conciencia y se disipa casi instantáneamente en el proceso del pensamiento.
El preconsciente se presenta pues como una memoria asociativa que contiene a la vez memoria del inconsciente, memoria integrada del sistema nervioso central y memoria celular (citoplásmica y cromosómica).
A este nivel se sitúan el trabajo asociativo del analizado y el del analista. Por su parte, el analizado intenta conformarse a la difícil regla fundamental: hacer asociaciones libres dejándose ir, contar libremente pero con una disciplina de hierro, describir lo más detalladamente y lo más naturalmente posible lo que se le viene a la mente, sin caer en lo narrativo ni ceder a lo recitativo, detallar como para encontrar algo que uno hubiera vivido y olvidado, como para despertar la memoria o inventarlo, acordarse a pesar de uno. Entonces, la elaboración asociativa encuentra las huellas, recorre las pistas, dibuja las líneas de fuerza de la sobredeterminación mimetizándose con ella: un detalle cualquiera de la vida actual o pasada evoca un suceso, estimula un recuerdo o un olvido, se inscribe en un conjunto causal del que un detalle conduce a otro suceso, otro recuerdo o olvido, otro conjunto causal del que un detalle... y así sucesivamente. Entonces se efectúa el auténtico trabajo de memoria, que no es la rememoración en el sentido de vivencias puntuales o episodios que vuelven ni de olvidos o de lagunas que se rellenan; lo que por otra parte es lo mismo asociativamente, dado que los recuerdos son siempre pseudo recuerdos o pantallas y los olvidos son sus negativos o sus huellas. El trabajo de memoria consiste en la puesta en conciencia que va pareja a la verbalización y a veces a la toma de conciencia, de las conexiones y concatenaciones que aparecen en la elaboración asociativa que se calcan sobre las relaciones de correspondencias y de causalidad de la sobredeterminación. Así, el trabajo de memoria permeabiliza el preconsciente y disminuye su tensión asegurando una continuidad psíquica entre la verbalización asociativa y el retorno de lo reprimido.
También a nivel preconsciente se aplican las reglas del analista: la atención flotante, la neutralidad, la abstinencia que le permiten, también a él, dejarse ir en la tarea de seguir con su preconsciente el trabajo de memoria del analizado, de escuchar silencioso vibrar la elaboración y la verbalización asociativa, sin pensamiento activo, sin ideas preconcebidas ni prejuzgadas, sin preocupación terapéutica, es decir, lo más asociativamente posible, anotando de vez en cuando sus reacciones contratransferenciales y sobre todo su relación asociativa con el material del analizado. En la trama asociativa, el analista intenta localizar los lazos de unión, los encadenamientos y las secuencias asociativas, ver si el trazado de elaboración calca bien las líneas de la sobredeterminación y cuando se producen los puntos de intersección con las líneas emergentes de las ramificaciones del inconsciente y del retorno de lo reprimido. Poco a poco, ve como se van dibujando y puede anotar ecuaciones, es decir secuencias o series de términos que han hecho su relevo asociativo y se encuentran a partir de ahí en articulación, en conexión, en continuidad sináptica con su puesta en conciencia. Así, el analista sabe que la memoria está presente en el trabajo y que, en el buen momento, va a poder intervenir asociativamente para catalizar la continuidad psíquica que se está elaborando y en ocasiones abrirla a la prueba de la realidad.
Así, en este trabajo asociativo conjunto del analizado y del analista, se materializa poco a poco la auténtica estructura operante de la memoria preconsciente: los objetos preconscientes. Los objetos preconscientes representan justamente los términos puestos en conexión asociativa y forman auténticas ecuaciones en las cuales estos adquieren su valor de equivalentes con relación a referenciales inconscientes cuya significación es reconocida por la experiencia clínica; estos referenciales son los objetos inconscientes de los que hablaré después. Para simplificar: todo tema que se repite en el material se inscribe en una ecuación que reenvía asociativamente a vivencias úteroinfantiles y a deseos agresivos-sexuales de idéntico origen, puede ser considerada un objeto preconsciente. En lo que se refiere a las ecuaciones, el ejemplo tipo es la ecuación de la sexualidad infantil establecida por Freud: pene = seno = heces = niño = regalo = dinero; pero en realidad, todo elemento del material que tiende a repetirse en un contexto asociativo idéntico puede inscribirse en una ecuación y adquirir el estatus de objeto preconsciente. Por lo tanto, la noción de objeto preconsciente es indisociable de la de objeto inconsciente. Los objetos preconscientes están en resonancia constante con los objetos inconscientes de los que son los sustitutos camuflados debido al trabajo de deformación necesaria para el paso del proceso primario al proceso secundario. Los objetos preconscientes transportan la memoria agresiva y sexual de los objetos inconscientes y la remodelan de acuerdo a la elaboración secundaria que tiene en cuenta las circunstancias y las experiencias de la vida.
En cuanto a los objetos inconscientes, estos constituyen las entidades estructurales y mnemónicos del inconsciente; transportan la memoria filogenética y son específicos de vivencias agresivas y sexuales interiorizadas a lo largo de la vida úteroinfantil. Su activación-desactivación es sinónimo de deseo inconsciente y de realización inconsciente de deseo. Los objetos inconscientes se reactivan masivamente cada noche dando origen al sueño. El sueño consiste en la repetición inconsciente de vivencias interiorizadas y la realización inconsciente de deseos agresivos-sexuales úteroinfantiles de origen filogenético. El sueño es el prototipo de la relación entre objetos inconscientes y objetos preconscientes: sumergiéndose en la memoria ancestral y ontogenética de nuestros objetos inconscientes, el trabajo del sueño alimenta directa o indirectamente nuestros objetos preconscientes poniéndolos en contacto con nuestra memoria neurobioquímica para permitirnos hacer nuestras repeticiones, nuestras innovaciones o nuestra rutina cotidiana, es decir para permitirnos vivir. La función existencial del sueño se encuentra, en sentido inverso, en la función vital del análisis del sueño: la elaboración del sueño estimula e integra progresivamente toda la trama asociativa del material y las ecuaciones que en ella se forman, las hace interactuar sinápticamente sobre la trama de la sobredeterminación hasta la expresión de los objetos preconscientes que conducen a los objetos inconscientes.
Habiendo llegado a este punto, me queda dar un paso para acabar el itinerario del que me he valido en esta puesta en evidencia de la estructura y de la función de la memoria psíquica. ¿Cuál es la relación, el vínculo entre los objetos preconscientes y los objetos inconscientes? ¿Cómo la elaboración asociativa que se injerta en la sobredeterminación, puede remontar el trabajo de deformación, es decir, superar la trasposición simbólica, la puesta en escena, la figurabilidad y la inteligibilidad que ha necesitado el paso del inconsciente al preconsciente? En otros términos: ¿hasta dónde llega la elaboración asociativa? ¿Y la sobredeterminación? ¿Existe una continuidad entre la memoria del preconsciente y la del inconsciente? Para responder a estas preguntas, hay que acordarse de que el inconsciente es una encrucijada de energía libre que se sitúa a otro nivel de realidad y que obedece al proceso primario. Pero que el inconsciente ignore las leyes psicomateriales, esto no significa que no posea su propia lógica. La organización energética del inconsciente, la estructuración de los objetos inconscientes a partir de las representaciones-afectos, se hace según desplazamientos-condensaciones de informaciones que subtienden represiones-proyecciones-identificaciones. Ahora bien, estos mecanismos estructurales funcionan según correspondencias, similitudes, reciprocidades y correlaciones energéticas. Así pues, recurren a los mismos procedimientos que los utilizados por la sobredeterminación en las relaciones de correspondencias y de causalidad a nivel preconsciente. Existe también una continuidad entre la memoria del preconsciente y la memoria del inconsciente. La lógica asociativa de la sobredeterminación se prolonga en el inconsciente donde encuentra condiciones de organización energética que recurren a los mismos procedimientos que en el preconsciente. Matte-Blanco ha tenido este insight en sus investigaciones sobre la psicosis y sus intentos de modelización del inconsciente apoyándose en la teoría de los conjuntos; ha especificado el pensamiento del inconsciente en términos de “lógica simétrica” , entendiendo por ello una lógica basada en las relaciones de equivalencias y de inclusiones al infinito. Así pues se puede decir que, a pesar de las censuras o más bien, infiltrándose en el proceso de deformación, las relaciones de correspondencias y de causalidad de ideas o de palabras del preconsciente se encuentran en las correlaciones energéticas de cosas del inconsciente. Más allá de las censuras, la lógica asociativa de la sobredeterminación da paso a una lógica directamente energética. Así, en el inconsciente, la memoria asociativa se convierte en sináptico-energética. A lo largo de la trama filo-ontogenética de la sobredeterminación, la memoria del inconsciente pone en juego sinapsis energéticas que tienden a abrirse y a disipar sus informaciones en el infinito del vacío. Esta visualización de la memoria asociativa hasta en su dimensión directamente energética, permite dar fe de una realidad determinante desde el punto de vista técnico: el trabajo analítico sigue globalmente la orientación de la pulsión de muerte. En efecto, la continuidad psíquica, la ausencia de tensión psicobiológica que el trabajo analítico tiende a establecer, van en el sentido del vacío. De ahí las resistencias generalizadas al psicoanálisis y las resistencias personales que aparecen a lo largo de las sesiones. Pero es a lo largo de la propensión asociativa a hacer el vacío donde se producen los sobresaltos de la pulsión de vida. La resolución de la neurosis y la recuperación de una identidad más fisiológica se producen poco a poco por la regulación de las oscilaciones de la pulsión de muerte-de vida y su estabilización a lo largo de una línea de equilibrio psíquico y psicobiológico.
En resumen, esto es lo que un micropsicoanalista puede decir de la memoria. La memoria psíquica no existe como estructura organizada y definida, pero se instala a lo largo del trabajo analítico que es asociativo por definición. Las verbalizaciones el analizado, sus puestas en conciencia y posibles tomas de conciencia, sus elaboraciones, son asociativas. Asimismo, la escucha del analista, su atención flotante, sus puestas en ecuación y sus intervenciones, son asociativas. El trabajo de análisis es asociativo porque reposa en la sobredeterminación que es asociativa por naturaleza, en su lógica de correspondencias y de relaciones de causalidad. De donde la estructura modelizada del preconsciente y la del inconsciente son asociativas como es asociativo el sistema complejo de memoria que estos constituyen. La transferencia juega el papel de catalizador y de revelador de la memoria psíquica, aunque pueda tomar momentáneamente la forma de puesta en acto. La memoria psíquica no es un dato acabado, existe solamente en estado de esbozo, de bosquejo, de potencialidades inconscientes que llegan a ser posibles en el preconsciente, sinapsis energéticas, después psiconeurobiológicas camino de asociaciones libres. Es un proyecto en constante invención, en permanentes modificaciones, correcciones y transformaciones. La memoria psíquica no se acuerda sino que se construye y aparece poco a poco a lo largo del trabajo analítico, en los llenos y en los vacíos de las asociaciones libres, en la historia que se cuenta entre las palabras, a través de las emociones y los silencios arrancados a la represión. La asociaciones libres crean el pasado fabricando el presente que ya es futuro y asignan a la memoria psíquica una función prospectiva más que retrospectiva. Las asociaciones libres restablecen la continuidad psíquica de la sobredeterminación interrumpida por el miedo, la angustia, el conflicto, la inhibición, la neurosis. La función creativa de las asociaciones libres y por lo tanto de la memoria que tiene lugar hic et nunc, da su auténtico sentido al Nachträglicheit de Freud, el después, ese retraso de la expresión de los restos y de los agujeros de memoria, ese viene-después surgiendo del vacío e intentando dar un tiempo, un lugar, una causalidad real y coherente al viene-ahora, ese recuerdo del futuro...
En conclusión: con los objetos preconscientes-objetos inconscientes, el psicoanalista dispone de un modelo de memoria psíquica sacado de la experiencia analítica y verificable clínicamente, correcto desde el punto de vista metapsicológico y utilizable en la práctica como punto de referencia:
1. de la dinámica elemental de las asociaciones libres y de la elaboración asociativa;
2. de la superación progresiva de las resistencias;
3. de la dinámica de la transferencia como transposición actual personificada de vivencias interiorizadas y de deseos agresivos-sexuales útero-infantiles;
4. del análisis de las repeticiones hasta sus hipótesis onto- y eventualmente filogenéticas;
5. del establecimiento o del restablecimiento de la continuidad y de la fluidez psíquica que dan fe de una permeabilización sináptica adecuada de la sobredeterminación y de una estabilización de las oscilaciones de la pulsión de muerte-de vida;
6. del equilibrio de los conflictos preconscientes y de la permeabilización de los conflictos inconscientes.
El modelo de los objetos preconscientes-objetos inconscientes forma parte de la técnica micropsicoanalítica en la que el objetivo de las sesiones de larga duración es justamente el de crear una continuidad y una profundidad asociativa, así como una continuidad transferencial lo más ventajosas que sea posible. Ahora bien, se comprueba que las sesiones cotidianas de tres horas establecen un ritmo asociativo que corresponde a una respiración fisiológica del psiquismo. El bucle asociativo es prueba de ello: en condiciones asociativas óptimas, el analizado, después alrededor de dos horas y media de sesión, vuelve espontáneamente al tema principal (o a una de sus elementos ecuacionales) del principio del material.
Un micropsicoanálisis alivia, alcanza su objetivo que es el bienestar y en suma la serenidad de la persona, no porque traiga a la memoria recuerdos, aunque estos fuesen útero-infantiles o filogenéticos e incluso objetivamente traumáticos, sino porque recupera la continuidad psíquica de la sobredeterminación y la abre sinápticamente en la trama energética del vacío que le da una dimensión universal donde los restos de nuestros orígenes ya no tienen una gran importancia.
Para más información ver la página Web: www.micropsicoanalisis.com.
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